Enfermedad de Parkinson: definición, síntomas y tratamiento
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo complejo que afecta a estructuras del cerebro encargadas del control y la coordinación del movimiento, del mantenimiento del tono muscular y de la postura. Se caracteriza por una gran variedad de síntomas no motores (problemas cognitivos, psiquiátricos, del sueño o disautonómicos, entre otros) y por síntomas motores (bradicinesia, rigidez y temblor), cuyo estudio resulta esencial para un correcto diagnóstico.
El diagnóstico puede ocasionar un impacto emocional elevado en los afectados y en sus familias.
Cada año se diagnostican entre 8.000 y 10.000 casos nuevos de Parkinson en España y la prevalencia aumenta con la edad, afectando al 1–2% de las personas mayores de 65 años y hasta al 4% de las mayores de 80 años. Aunque puede aparecer a cualquier edad, es excepcional por debajo de los 30 años y solo en un 5–10% de los afectados comienza antes de los 40.
Síntomas
La enfermedad de Parkinson puede afectar a cada persona de manera muy diversa, siendo la lentitud el síntoma cardinal y más incapacitante. Se manifiesta con síntomas «motores» y «no motores», todos ellos causados por el déficit de diferentes neurotransmisores, principalmente dopamina, debido a la degeneración de las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra. Se sabe que también hay otras áreas del cerebro implicadas y otros neurotransmisores involucrados, como la serotonina, la acetilcolina o la noradrenalina.
Síntomas motores
- Lentitud, rigidez y temblor, que ocasionan poca destreza e imprecisión en los movimientos.
• Comunicativos: disminución de la expresión facial, problemas en el habla, en la voz y dificultades lingüísticas. También pueden observarse cambios en la letra en forma de microescritura.
• Problemas de la marcha, volviéndose más lenta e insegura.
• Trastornos del equilibrio: en fases avanzadas pueden aparecer problemas de equilibrio y bloqueos al caminar, que pueden ocasionar caídas.
Síntomas no motores de la enfermedad de Parkinson
Muy frecuentes y, en algunos casos, pueden aparecer años antes que los síntomas motores. A menudo tienen un gran impacto en la calidad de vida y deben identificarse y tratarse específicamente.
Hiposmia (disminución del olfato):
Muy habitual como síntoma premotor. Puede aparecer 10–20 años antes del diagnóstico. No suele tener tratamiento específico.
Síntomas urinarios:
Urgencia miccional, aumento de la frecuencia (día y noche) e incluso incontinencia. Habitualmente se deben a hiperactividad del músculo detrusor. Es importante una valoración urológica.
Estreñimiento:
Muy frecuente, puede aparecer antes de los síntomas motores. Relacionado con la afectación del sistema nervioso autónomo. Es clave la prevención: fibra, hidratación, ejercicio y laxantes cuando sea necesario.
Síntomas emocionales:
Ansiedad, apatía, depresión y mayor labilidad emocional. Pueden aparecer en fases iniciales y requieren abordaje específico (psicoterapia y fármacos cuando corresponde).
Síntomas cognitivos:
Dificultades de atención, velocidad de procesamiento y en algunos casos memoria. Suelen ser leves inicialmente.
Trastornos del sueño:
Sueño fragmentado, insomnio de conciliación o despertar precoz.
Un trastorno característico es el trastorno de conducta del sueño REM, en el que la persona “actúa” los sueños.
Otros síntomas no motores frecuentes incluyen:
• Dolor (muscular, articular o neuropático)
• Fatiga física y mental
• Cambios de peso
• Alteraciones de la sudoración
• Problemas dermatológicos
• Alteraciones visuales
• Hipotensión ortostática
• Disfunción sexual
• Alucinaciones (habitualmente visuales)
No todas las personas presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad; la enfermedad es muy heterogénea y el abordaje debe ser individualizado.
Pronóstico y evolución
La evolución varía mucho entre personas. Factores como la edad de inicio, los años de evolución, la respuesta a los fármacos, la severidad de los síntomas, la presencia de síntomas no motores y el estilo de vida influyen notablemente.
Progresión no implica necesariamente pérdida rápida de autonomía. Muchas personas mantienen una vida activa durante años con un buen control de síntomas y un abordaje integral.
El ejercicio regular, el seguimiento especializado, el ajuste adecuado de la medicación y el apoyo psicológico y social son fundamentales.
Tratamiento
A día de hoy no existe cura. Los tratamientos actuales mejoran los síntomas motores y parte de los no motores.
Tratamientos de primera línea:
- Levodopa: el tratamiento más eficaz, aunque con el tiempo puede producir fluctuaciones motoras.
- Agonistas dopaminérgicos: imitan la acción de la dopamina y pueden usarse en etapas tempranas pero hay que tener cuidado de efectos secundarios.
- Inhibidores de la MAO-B y de la COMT: ayudan a prolongar el efecto de la dopamina.
- Otros medicamentos según necesidades individuales.
Con el tiempo suele ser necesario ajustar dosis y combinaciones.
En fases avanzadas, cuando aparecen fluctuaciones ON-OFF, discinesias o bloqueos, pueden indicarse tratamientos de segunda línea:
• Estimulación cerebral profunda (DBS)
• Infusión subcutánea de apomorfina
• Infusión duodenal de levodopa en gel
• Formas subcutáneas o inhaladas más recientes de levodopa.
Entre un 10 y un 20% de las personas requerirán tratamiento quirúrgico en algún momento.
Tratamientos complementarios
Un abordaje multidisciplinario puede mejorar significativamente la calidad de vida.
La rehabilitación intensiva podría ralentizar la progresión funcional y reducir la necesidad de medicación.
Tratamientos no farmacológicos
- Fisioterapia para mejorar la movilidad y el equilibrio.
- Logopedia para tratar problemas de habla y deglución.
- Terapia ocupacional para adaptar actividades cotidianas.
- Tai Chi, Chi Kung, ejercicio/entrenamiento personal y musicoterapia como apoyo terapéutico.
Ejercicio físico
Es un pilar fundamental del tratamiento y la única intervención no farmacológica que ha demostrado ralentizar la progresión funcional.
Recomendaciones:
• Ejercicio aeróbico: 30 min, 4 días/semana
• Fuerza muscular: 2 días/semana
• Estiramientos, postura y core: 2 días/semana
El ejercicio mejora síntomas motores y no motores, el estado de ánimo, el sueño, la cognición y la autonomía.
Moverse es parte del tratamiento: cualquier actividad es mejor que ninguna.
Consejos para mejorar la calidad de vida
Ejercicio físico
- Actividad regular: caminar, nadar, bicicleta estática.
- Ejercicios de equilibrio y coordinación.
- Programas de rehabilitación específicos.
Alimentación y nutrición
- Dieta equilibrada con frutas, verduras y fibra.
- Hidratación adecuada.
- Control de peso y prevención de la malnutrición.
Adaptaciones en el hogar
- Evitar alfombras o muebles que dificulten el paso.
- Uso de ayudas técnicas si es necesario (bastón, andador).
Avances en investigacion y biomarcadores
- Nuevas terapias en estudio, incluyendo inmunoterapia y terapias génicas.
- Biomarcadores como la detección de alfa-sinucleína en líquido cefalorraquídeo y la proteína NfL en sangre.
- Ensayos clínicos en marcha para mejorar diagnóstico y tratamiento.
Apoyo emocional y social
- Apoyo psicológico individual o grupal.
- Asociaciones de pacientes y grupos de apoyo.
- Estrategias para afrontar la enfermedad en familia.